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feb. 25

Marc Brackett: “Hay que dar al mundo permiso para sentir”

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El hombre que probablemente mejor conoce los sentimientos padeció bullying de niño. Esa fue la semilla de su interés en este ámbito de la psicología. El director y fundador del Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale asesora a colegios y empresas de todo el mundo para introducir ese concepto en sus rutinasEl hombre que probablemente mejor conoce los sentimientos padeció bullying de niño. Esa fue la semilla de su interés en este ámbito de la psicología. El director y fundador del Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale asesora a colegios y empresas de todo el mundo para introducir ese concepto en sus rutinas
El hombre que probablemente mejor conoce los sentimientos padeció bullying de niño. Esa fue la semilla de su interés en este ámbito de la psicología. El director y fundador del Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale asesora a colegios y empresas de todo el mundo para introducir ese concepto en sus rutinas

 

Una pregunta banal para romper el hielo podría dar lugar en esta oficina a un intercambio más largo de lo que el pudor aconseja. Mejor recurrir a la prodigiosa gama de adjetivos distribuidos por las paredes, en torno a originales altares de los sentimientos, que amenizan la espera del voyeur y le ofrecen una inesperada ventana al estado de ánimo de las personas que de cuando en cuando, entre afectuosas sonrisas, suben y bajan las escaleras de madera.

 

Estamos en la Universidad de Yale. Aquí nació, en un artículo científico de 1990, el concepto de inteligencia emocional. Esa virtud de cuya carencia se acusa tan a menudo a parejas sentimentales, padres, jefes y profesores. Trece años más tarde abría este Centro para la Inteligencia Emocional de Yale, fundado y dirigido por Marc Brackett, doctor en Psicología de 49 años.

 

La misión del centro, explica Brackett, es “usar el poder de las emociones para crear un mundo más sano, más equitativo, más innovador y más compasivo”. Por un lado, se investiga sobre las emociones y, por otro, se desarrollan “maneras novedosas de enseñar inteligencia emocional a gentes de todas las edades, de preescolares a presidentes de compañías”. Han “infundido la inteligencia emocional en el ADN” de 2.500 colegios por todo Estados Unidos, hasta la fecha, y también de Italia, Reino Unido, China, Australia, México o España, donde han trabajado en 25 centros. El medidor emocional, una de las herramientas del método, ha sido integrado en el curso de inteligencia emocional Hechos de emociones dentro del proyecto BBVA Aprendemos Juntos.

 

Según el medidor de estados de ánimo (Mood Meter), un gran cuadrado dividido en otros cuatro con diferentes colores, en el que los empleados colocan fichas con sus fotos y etiquetas con sus sentimientos, Brackett se encuentra “motivado”. Su nombre está en el cuadrado amarillo, que indica niveles altos tanto de energía (+4) como de afabilidad (+3). La pregunta, pues, es de rigor.

 

¿Cómo está?

Ahora mismo tengo como 20 sentimientos diferentes. Mi pareja está en el hospital y me siento un poco nervioso por eso. Pero parece que todo está yendo bien. Me siento contento por estar haciendo esta entrevista. También un poco ansioso porque estoy terminando mi libro. Podría darle todas las piezas y decirle con todo detalle cómo me siento, estoy entrenado. Pero mucha gente no ha tenido ese entrenamiento. Si les pregunta, le dirán: “Bien”. Nada más. Pero hay miles de palabras para describir nuestros sentimientos. No necesariamente los tenemos que expresar, a veces es suficiente con saberlos nosotros. Pero mucha gente no tiene las herramientas para ello. No abunda la educación en lenguaje emocional. Y eso es lo que hacemos nosotros: asegurarnos de que la gente tenga las habilidades y las palabras para conocer sus emociones.

 

Cuando uno pregunta a alguien qué tal está, no siempre espera una respuesta larga.

Tiene que haber un equilibrio. Es algo que debatimos mucho aquí. ¿Cuánto tiempo debes pasar hablando de sentimientos? Si te sientes triste, deprimido, ¿se trata de una depresión clínica? ¿Tienes que ir a ver a un psicólogo o a un psiquiatra? ¿O es que te sientes frustrado por un proyecto y necesitas ayuda para acometerlo? Hay que crear normas para las conversaciones sobre emoción. La pregunta es: ¿estás ayudando a la persona y a la organización, o interfiriendo negativamente en el desarrollo del trabajo?

 

¿Qué es la inteligencia emocional?

Lo definimos como una serie de habilidades que nos ayudan a razonar con nuestros sentimientos y sobre nuestros sentimientos. Utilizamos el acrónimo RULER, en inglés, para describir esas habilidades. Se trata de reconocer emociones en otra gente o en uno mismo (recognizing); comprender las causas (understanding) y etiquetar esas emociones (labeling); tener un lenguaje para expresar y describir emociones (expressing), y, por último, regular esos sentimientos (regulating).

 

Mostrar emociones se ha entendido, tradicionalmente y en determinados ámbitos, como un signo de debilidad.

Tener sentimientos no era visto como algo bueno. Nuestro centro tiene una perspectiva muy diferente: creemos que las emociones te hacen más listo. Son información, son datos, condicionan la forma en que piensas. Cuando sabes qué hacer con tus sentimientos, pueden pasar cosas buenas. Sabemos por nuestras investigaciones que la gente que suprime sus sentimientos no es tan sana como la gente que los expresa. Las emociones tienen que ir a algún lado. Así que, si no salen, van a tu corazón, a tu sistema inmunológico, a tu estómago… Sabemos que cuando controlas y suprimes tus sentimientos, eso interfiere con la cognición. Nuestro sistema emocional y el cognitivo están tan conectados que, si trato de no sentir, de suprimir mis sentimientos, será difícil para mí, por ejemplo, ser un buen estudiante.

 

Hay estudios neurológicos que revelan que en las emociones intervienen partes del cerebro responsables de funciones fisiológicas. Que las emociones son, literalmente, viscerales.

Desde la perspectiva de nuestro centro, las emociones se producen por cambios en el ambiente. Puede ser un pensamiento que he tenido, pensar en mi madre, o alguien que ha entrado en mi oficina gritando. Entonces mi cerebro empieza a extraer significado de esa experiencia. ¿Es una amenaza? ¿Cómo reacciona el latido de mi corazón? ¿Tiendo a irritarme o a darle un abrazo? Mi memoria también interviene, con otras experiencias que se parecen a esta. Hay muchos factores en juego. Pero al nivel más simple, una emoción es una respuesta corta, mayormente automática, a un estímulo que causa cambios en nuestro pensamiento, fisiología y comportamiento.

 

Se habla de lo emocional como opuesto a lo racional, lo salvaje frente a lo civilizado.

 

La investigación demuestra que cómo te sientes afecta a la manera en que evalúas las cosas. Sucede fuera de la conciencia. Si eres un profesor y tienes que corregir un trabajo, tu estado de ánimo guiará la manera en que lo evalúas. En nuestros experimentos manipulamos los estados de ánimo de los profesores y les damos a corregir los mismos trabajos. Por ejemplo, les decimos que pasen cinco minutos escribiendo y recordando un día realmente horrible, o uno muy bueno, y entonces reciben una redacción y la valoran. Lo que vemos es que hay 2 puntos sobre 10 de diferencia en la evaluación. Luego les preguntamos si creen que cómo se sentían pudo haber influido, y casi el 90% dicen que no. Cuando les enseñamos las diferencias, no se lo pueden creer. Es decir, que cómo nos sentimos influye en nuestra manera de pensar y condiciona nuestros juicios, pero no somos conscientes de ello. Ser emocionalmente inteligente es comprender que antes de empezar a evaluar ese trabajo necesitas una pausa, reflexionar sobre dónde estás. Solo la identificación del sentimiento te ayuda a ponerlo en perspectiva.

 

Una vez identificada la emoción, ¿cómo reaccionar ante ella?

Lo primero es reconocerla, comprenderla y etiquetarla. Después, expresarla y regularla. Hay que saber cómo se comunican los sentimientos en una organización para tener el resultado deseado. Si me siento cabreado y le digo a mi jefe que se vaya a la mierda, no funcionará muy bien. Quizá sí en Hollywood, pero aquí en Yale probablemente no. Tienes que saber cómo tu respuesta va a hacer sentir a la otra persona. Si va a hacer que quiera ayudarte o librarse de ti.

 

Las redes sociales, la mensajería instantánea…, hay hasta un lenguaje nuevo, el de los emoticonos, para expresar estados de ánimo. ¿La nueva comunicación no sobreexpone precisamente las emociones?

Hay investigaciones que dicen que las madres de recién nacidos solo comparten fotos de sus bebés cuando están sonriendo, y cuando las ven otras madres piensan que el suyo está llorando todo el día, y eso las hace sentirse peor. Solo publicitamos nuestro mejor ser y cuando el receptor no se siente así, eso le hace sentirse mal. Luego están los grupos privados de adolescentes, por ejemplo, en los que comparten sus peores experiencias. No sienten que puedan hacerlo en el mundo real. Si solo las comparten con otros adolescentes que están en la misma situación, no obtendrán el apoyo que necesitan. Mi pregunta es: ¿por qué hemos creado una sociedad en la que los adolescentes tienen que crear subgrupos para expresar su ansiedad, su tristeza?

 

Los estudios que han realizado ustedes con estudiantes estadounidenses no son excesivamente alentadores en términos de salud emocional.

En 2016 estudiamos a 22.000 alumnos de secundaria y vimos que las tres principales palabras a las que recurrían cuando les pedíamos que expresaran sus sentimientos en clase eran “cansado”, “estresado” y “aburrido”. El 77% de las palabras que decían podrían categorizarse en esas tres. Para mí, como científico emocional, la pregunta es: ¿cómo afectan esos sentimientos a la atención en clase? No puedo imaginar que seas la persona más dispuesta a aprender cuando estás cansado, estresado y aburrido. ¿Qué tipo de decisiones estarás tomando y cómo afectará eso a tus elecciones, por ejemplo, en drogas y alcohol? ¿Qué tipo de relaciones construirás cuando estás cansado, estresado y aburrido? ¿Y qué hay de la creatividad? Es difícil ser innovador cuando estás cansado, estresado y aburrido todo el tiempo. La depresión es la segunda causa de muerte de los adolescentes. El 20% de los estudiantes de secundaria podrían ser diagnosticados con depresión, eso es muy significativo. Lo que sabemos es que los adolescentes con las habilidades emocionales menos desarrolladas, los que no son buenos leyendo a la gente y no entienden sus propias emociones, tienden a tener más depresión, ansiedad y comportamientos agresivos.

 

¿Cómo contribuye la inteligencia emocional en el desempeño profesional?

Las emociones en el lugar de trabajo funcionan como en el colegio. La gente tiene habilidades cognitivas para hacer el trabajo, pero les faltan habilidades emocionales. Saber, por ejemplo, cómo dirigir una reunión de trabajo, cómo inspirar a un equipo, cómo hacer una presentación buena, cómo manejar un conflicto. Desde nuestra perspectiva, las habilidades de inteligencia emocional son de una importancia crítica para el éxito en el puesto de trabajo, y también para la búsqueda de empleo. Las relaciones humanas son cruciales en el trabajo.

 

¿Cómo sería un lugar de trabajo emocionalmente efectivo?

Lo primero es saber cómo se siente la gente. Si no sé que la gente aquí se siente poco respetada, poco valorada o desconectada, pierdo muchísima información. Así que lo primero es preguntar a la gente cómo se siente. Debes dejarles expresar sus sentimientos y no tomártelo de manera personal. Seguro que yo he hecho cosas en el pasado que han provocado a la gente sentirse incómoda. Necesito saberlo, porque lo último que quiero es que alguien que trabaja en mi equipo tenga sentimientos negativos sobre mí. Eso va a sabotear la organización. Una vez sabemos cómo se siente la gente, es importante preguntar cómo quiere sentirse. ¿Qué hace cada día una persona para sentirse más conectada? ¿Cuál es la última vez que le dijiste a alguien que le aprecias, la última vez que ofreciste ayuda? Es importante ayudar a la gente a desarrollar las habilidades de inteligencia emocional, a manejar sus emociones de manera más efectiva. Hay muchas maneras de mejorar emocionalmente un lugar de trabajo, pero todas tienen que ver con interesarse por cómo se siente el individuo, averiguar cómo se quiere sentir el grupo y apoyar a cada persona a desarrollar las habilidades que necesita para gestionar sus sentimientos. Hemos demostrado en nuestras investigaciones que las habilidades emocionales del supervisor tienen un correlato con cómo se siente la gente en el trabajo. Se siente más inspirada cuando trabaja en una organización donde hay un líder con inteligencia emocional. Piénselo: si trabaja para un supervisor con poca inteligencia emocional, ¿va a dirigirse a él cuando tenga un problema?

 

¿Cómo debe ser la relación del profesor con el alumno? ¿Debe ser su amigo?

Hay que tratar a los niños como personas. Eso es lo importante para nosotros. Los niños tienen derechos, debe hablárseles con respeto. Deben ser tratados con dignidad. Son pequeñas personas, y las palabras y las formas de comunicación afectan a su desarrollo.

 

¿Y la de un jefe con su subordinado?

Es lo mismo. Si la gente no me ve como alguien accesible, no sentirá que estamos en el mismo equipo. Aquí, por ejemplo, todo el mundo sabe que soy el jefe. Hace falta claridad. La gente tiene que saber que yo tomaré ciertas decisiones porque soy el jefe. Es importante la transparencia en el liderazgo. Hay quien cree que el hecho de que la gente sepa cómo te sientes te hace más débil. Para mí, ayuda a construir relaciones y, si creo que es bueno que estemos conectados, inspirados y apoyados, es mi responsabilidad como jefe ser parte de eso. Eso determinará cómo hablo a la gente, cómo me implico cuando hay conflictos. Tiene que ver con cómo asignamos las tareas. Si la gente pide mayor equilibrio, debes respetar sus vidas personales y no escribirles mensajes por la noche en fin de semana. Si trabajas en Wall Street, aceptas el hecho de que trabajarás los fines de semana. En la academia, por ejemplo, es diferente. Pero debe haber claridad.

 

Su propio interés por la inteligencia emocional surgió a raíz de una experiencia de bullying. Así es. Fui un niño muy ansioso y tuve problemas de bullying. Aún hoy me resulta espeluznante que nadie supiera leer mi expresión facial, mi lenguaje corporal, mi tono de voz. Nadie dijo: “Este niño necesita ayuda”. La gente lo ignoraba o se apartaba. O pensaban que tenía que superarlo yo solo, que debía ser un tipo duro. Pero sigo sin ser un tipo duro. Yo no era buen estudiante, pero de alguna manera sabía que era listo. Así que estaba encerrado en esta extraña dinámica por la que no podía hacerlo bien académicamente, pero sabía que tenía algo de poder ahí arriba. Solo más adelante me di cuenta de que todo era por mis sentimientos. La ansiedad, el estrés, la preocupación interferían en mi concentración. Resulté bendecido por el hecho de que tenía un tío que fue mi héroe. Tuvimos conversaciones muy especiales. Mi próximo libro está dedicado a él porque fue el adulto que me dio permiso para sentir.

 

¿Cómo eran sus padres?

Mi madre y mi padre eran cariñosos… la mayoría del tiempo. Pero tenían sus cosas. No eran muy habilidosos en la gestión de sentimientos. Mi madre era tan ansiosa que yo decidía no decirle nada porque se pondría nerviosa. Mi padre solo me decía que tenía que ser duro. Y yo sabía que no iba a ser duro, así que tampoco podía hablar con mi padre. Ahí estaba yo, atrapado en mis emociones. Un niño pequeño aterrado por el bullying, fracasando académicamente. ¿Y adivina qué? La vida era una mierda. Era difícil hacer amigos. Era difícil concentrarse. Entonces empiezas a no saber cómo regularte afectivamente y de repente entras en una espiral.

 

¿A qué señales deberían estar atentos los padres?

Se trata de construir relaciones. Conocerse, tener conversaciones. Pasar tiempo de calidad. Preguntar qué tal. Y cuando el niño responde que bien, decirle: “Venga, qué ha pasado hoy, cuéntame”. Y cuando te lo cuenta, preguntarle cómo se siente por eso. ¿Por qué estás ansioso, por qué tienes miedo? Mi padre, que era un tipo duro, no habría tenido miedo al bullying porque se habría enfrentado. Por eso, que me dijera que lo superara no me ayudaba porque yo no era como él. Es crítico comprender que no se trata del adulto, sino del niño. Se trata de estar conectado y eliminar todo el juicio que rodea a la emoción.

 

¿Cómo se elimina ese juicio sobre los sentimientos?

Hay que dar al mundo permiso para sentir. La buena paternidad es tan importante porque, si la afrontas a través de tus lentes y tus experiencias, entonces careces de empatía. Porque no se trata de ti. Nunca nada se trata de ti cuando eres padre, se trata de tu hijo, de sus experiencias. Si constantemente quieres que tus hijos sean como tú, lo que sucede es que no permites que sean ellos mismos. Si mi hijo me dice que tiene miedo, quiere decir que tiene miedo. No tengo derecho a decirle que no tiene que tener miedo, que debe superarlo, que debe ser duro. Estoy eliminando el derecho de mi hijo a ser un ser humano. No creo que los padres lo hagan conscientemente. Queremos estar rodeados de gente como nosotros, así que tratamos a la gente como si lo fuera. Y cuando los hijos no son como nosotros, es difícil. Ese era parte del problema con mi padre, que no podía enfrentarse al hecho de que yo no era un tipo duro como él. Y como no tenía habilidades, solo castigaba y gritaba.

 

 

 

 

Fuente: El País

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    oct. 22

    Sin duda, una de las teorías que más ha influido en la psicología moderna es la de la inteligencia emocional de Daniel Goleman. Este autor defiende que la capacidad intelectual no es en absoluto la más importante a la hora de predecir el éxito de las personas . Por el contrario, nuestras competencias emocionales tendrían un peso mayor. Desde que el concepto de inteligencia emocional ha pasado a formar parte de nuestra cultura, a día de hoy prácticamente todo el mundo ha oído hablar de esta idea. Pero, ¿en qué consiste realmente ser inteligente emocionalmente? ¿En qué se traduce esta capacidad? ¿Qué es la inteligencia emocional? Para Goleman, la capacidad de entender y trabajar con los sentimientos depende de diferentes competencias emocionales. Para considerar que una persona tiene una inteligencia emocional alta, debe demostrar buenas habilidades en la totalidad de dichas competencias emocionales . Para Goleman, hablar de sentimientos era prácticamente hablar de emociones; los primeros eran generadores de los segundos y, por tanto, existía una mutua conexión. Así, este concepto de inteligencia emocional no se basa en una sola capacidad, sino en varias , que se retroalimentan y se influyen las unas a las otras. Esta idea está muy influida por la teoría de las inteligencias múltiples , de Howard Gardner. Para ambos autores,  las facultades mentales de una persona son mucho más complejas de lo que hasta el momento se había considerado . En los trabajos de este autor, no se percibe la capacidad intelectual como un solo elemento; son, por el contrario, varios los factores que influyen en el nivel de inteligencia de un individuo. Competencias emocionales según Goleman Gardner ya tenía en cuenta en cierta medida las habilidades emocionales de una persona. En su modelo, estas habilidades estaban representadas por dos tipos de inteligencia: la intrapersonal y la interpersonal . En la teoría de Goleman, por el contrario, las competencias emocionales forman una categoría separada de todos los demás tipos de inteligencia . Así, en su modelo, las habilidades más importantes a la hora de trabajar con los sentimientos son las siguientes: Autoconciencia . Es la capacidad de entender las propias emociones. Autorregulación . Se trata de la habilidad de manejar e influir en los propios sentimientos. Motivación . Definida como la capacidad de empujarse a uno mismo a actuar para conseguir las propias metas. Empatía . Es la habilidad para comprender las emociones de otros individuos, y tenerlas en cuenta a la hora de actuar. Habilidades sociales . Se trata del conjunto de capacidades que nos ayudan a establecer relaciones satisfactorias con otras personas. A continuación, estudiaremos en qué consiste cada una de las anteriores competencias. 1- Autoconciencia El primer paso para poder trabajar efectivamente con las emociones es darnos cuenta de que existen . En un principio, esto puede parecer algo muy sencillo, pero la realidad es que no es tan fácil desarrollar esta habilidad. ¿Cuántas veces te has sentido molesto con alguien sin entender realmente por qué? ¿En cuántas ocasiones te ha invadido una tristeza aparentemente inexplicable? La autoconciencia sería, entonces, la habilidad que nos permitiría examinar nuestras propias emociones y comprenderlas en su totalidad . Esto nos ayudaría a encontrar su origen y el mensaje que nos quieren transmitir, pero también a ponerles nombre y a comprender cómo influyen en cada situación. 2- Autorregulación Una vez que hemos descubierto qué es exactamente lo que sentimos y por qué,  debemos ser capaces de influir sobre ello . De eso precisamente se encarga la segunda de las competencias emocionales: cuando aprendemos a autorregularnos, adquirimos la habilidad de cambiar nuestros sentimientos, voluntariamente, en cierta medida. Por supuesto, esto no implica que puedas alcanzar cualquier estado de ánimo con tan solo desearlo. Por el contrario,  la autorregulación nos ayudará a entender los pasos que debemos dar para sentirnos de una manera diferente . La puesta en práctica de esta habilidad es muy útil, ya que nos permite evitar relativamente aquellas emociones que más nos sabotean y fomentar las que nos ayudan. 3- Motivación La tercera de las competencias emocionales de Goleman es la última que tiene que ver con los propios sentimientos. Está estrechamente relacionada con la autorregulación, pero lleva la capacidad para cambiar nuestro estado un paso más allá. Desde su perspectiva, si aprendes a motivarte, serás capaz de emprender acciones valiosas que te beneficien, superando la pereza que te puedan dar algunas. De hecho, algunos estudios nos muestran que  la capacidad de automotivarnos es una de las más importantes a la hora de alcanzar el éxito . Esta, además de ser una regla poderosa, lleva imantada la virtud de ser aplicable a muchas áreas vitales. 4- Empatía Prácticamente todo el mundo ha oído hablar de la empatía. En su forma más básica, se trata de la capacidad de comprender los sentimientos de otras personas . Sin embargo, tal y como la definió Goleman, se trata de una competencia más compleja. Así, para este autor, la empatía nos permite no solo entender las emociones de otros, sino tenerlas en cuenta a la hora de planificar nuestras propias acciones . Sin ella, no seríamos conscientes de nuestro impacto en los demás, y por lo tanto sería mucho más sencillo que hiciéramos daño a la gente sin darnos cuenta. 5- Habilidades sociales La última de las competencias emocionales de Goleman es más bien un conjunto de capacidades: se trata de todo aquello que nos permite relacionarnos con los demás de manera efectiva . Así, implicaría aspectos como: La habilidad para hablar en público .La capacidad de conectar con los demás.La superación del miedo a hablar con desconocidos.Etc. Un último apunte Es importante mencionar que  todas estas competencias emocionales pueden ser aprendidas . Al contrario que la capacidad intelectual, que se supone que es innata, las habilidades de la Inteligencia Emocional pueden desarrollarse mediante el esfuerzo voluntario y personal. Por lo tanto, incluso aunque consideres que no cuentas con un nivel muy alto de inteligencia emocional, no hay razón para que desesperes: con el trabajo adecuado, podrás desarrollar estas habilidades que están tan asociadas al éxito . Fuente: La Mente es maravillosa
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    oct. 15

    Periodista de éxito, vivía atrapada en las drogas y el alcohol, la ira y el miedo hasta que descubrió en la meditación un camino de liberación de sus adicciones físicas y emocionales. “Mi incapacidad de hablar acerca de mi maltrato sexual, físico y emocional había ido depositando capas de emociones tóxicas no expresadas. Me había convertido en víctima de mi pasado. Para mí la meditación fue lo que reventó la tapa sobre todo lo que intentaba mantener fuera de la vista. La práctica meditativa del mindfulness -ser consciente en cada momento- fue cómo disponer de un telescopio dirigido a mi corazón. A la luz de esa atención hacia mí misma no pude esconder el hecho de que mi corazón estaba lleno de cólera, ni pude continuar intelectualizando o anestesiando mi recorrido por la vida”, escribe Valerie Mason-John en Desintoxica tu corazón. Meditaciones para sanar traumas emocionales (Ed. Kairós). Formadora en gestión de la ira , nos encontramos con ella en La Casa del Tíbet de Barcelona dónde ha dado un taller (“Mindfulness y el círculo vicioso de las adicciones. Libera las cadenas de tu sufrimiento”) para tomar conciencia de las adicciones que hay en nuestra vida y ayudar a liberarnos de ellas. ENTREVISTA CON VALERIE MASON-JOHN ¿Todos en cierta medida somos adictos a algo, ya sea una sustancia, una emoción, una relación, la comida, el trabajo... ? Yo veo adicciones continuamente. Para ciertas personas la adicción que sufren es una cuestión de vida o muerte, pero otras personas sufren adicciones que conllevan una muerte más lenta. Una de las definiciones de adicción es sentir anhelo de algo y que en este deseo haya un elemento de perdida de control, una compulsividad y una necesidad de ello a pesar de las consecuencias. Yo me puedo decir: “No, no. Yo no sufro nada de todo esto”. Esta es la trampa. Carl Hart, un profesor de neurociencia y psicología de la Universidad de Columbia, explica que nuestros comportamientos adictivos a menudo están estrechamente relacionados con nuestra imperiosa necesidad de ser felices todo el tiempo. La gente que quiere ser feliz continuamente se auto-genera mucho sufrimiento porque, cuando no alcanzan ese ideal de felicidad, se sienten muy desgraciados. ¿Escapamos del dolor como los adictos? Los seres humanos tendemos a escapar de la experiencia. Llegamos incluso a evitar y a sabotear las experiencias placenteras. Nos estamos divirtiendo y decimos: “Esto no basta, no es suficiente. Necesito más”. Es como si estás saboreando una maravillosa comida y piensas en lo que vendrá después o te entristeces con el último bocado. Para algunas personas sostener la felicidad y el placer resulta extremadamente difícil. Les cuesta entrar en contacto con lo agradable en la mayoría de los casos por lo que han vivido en su infancia. Si has sufrido abusos, como fue mi caso, se sabe que cuando el cuerpo es tocado de una determinada manera, segrega dopamina automáticamente. Así pues, si alguien ha experimentado esta sensación agradable mientras sufría abusos, puede a partir de entonces dedicarse a evitar toda sensación placentera ya que la vivencia resultará demasiado dolorosa y despertará también el dolor vivido. Otras lo que rehuyen constantemente son las experiencias y emociones desagradables. No quieren contactar con el dolor. Otras no soportan las vivencias neutras. Los niños son especialistas en esto. Dicen: “Me aburro” achacando la culpa de su aburrimiento a los adultos. Desean evitar esa experiencia neutra donde no ocurre nada en particular. A ciertas personas les ocurre en la edad adulta hasta el punto de que cuando están una relación en la que no está pasando nada acaban provocando una pelea. La intensidad crea adicción. Estamos siempre moviéndonos sobre un péndulo que va del anhelo a la aversión y de la aversión al anhelo. Es la forma que tenemos de estar continuamente escapando de aquello que sentimos. Al final de un día de trabajo suele asaltarnos un ligero bajón de energía. ¿Qué hace la mayoría de gente? Tomar una copa de vino o fumar o comer... Todo con la intención de no sentir esa sensación de vacío. ¿Cuál es la solución? La auténtica libertad reside en el no hacer, algo que resulta increíblemente difícil de llevar a cabo ya que en nuestra cultura siempre tenemos que estar haciendo algo. Pero la libertad es no hacer nada y sostener lo que uno siente. ¿Cómo? Practicando como practicas cuando quieres ser bueno jugando al fútbol o quieres ser bueno en tu trabajo. Es una práctica compasiva. “La auténtica libertad reside en el no hacer”. “El sufrimiento tiene un final”, asegura en la primera página de su libro. ¿Es así? Estas enseñanzas no son mías, proceden del fundador del mindfulness, Siddharta Gautama, conocido como Buda. Sus enseñanzas surgen de su experiencia personal porque estos conocimientos están en el interior de cada uno de nosotros y aparecerán siempre que nos tomemos el tiempo de parar. Si paramos, veremos que realmente existe una manera de dejar de sufrir. Nuestro cuerpo envejece, enferma y muere. Esto es una realidad. Pero los humanos, a quienes nos cuesta gestionar y aceptar los cambios, creamos un sufrimiento añadido e innecesario. Todo el mundo tiene la capacidad de vivir sin sufrir independientemente de sus condiciones de vida. Hay personas que gozan de mejores condiciones de vida que otras, es cierto, pero también lo es que las personas que tienen más no siempre son las más felices ni saben cómo disfrutar de ello. ¿Una de las raíces del sufrimiento es identificarse con los pensamientos dando por sentado que aquello que pensamos es real? Sí. Lo que enseño es que los pensamientos no son hechos. Si realmente tomamos por cierto y real aquello que pensamos, nos convertimos en nuestros pensamientos y actuamos a partir de lo que ha creado nuestra mente. La realidad es que la mente produce pensamientos y, aunque pueda calmarse, lo seguirá haciendo. La práctica consiste en tener pensamientos sin un pensador. Lo que digo es que los pensamientos llegan a nuestra mente, pero no tenemos por qué identificarnos con ellos, ni construir una historia a partir de ellos y después creerla cierta. Mi trabajo consiste en ayudar a las personas a descubrir un nuevo lenguaje alrededor de los sentimientos, de los pensamientos y de los hechos. Porque a menudo las personas aseguran “sentirse abandonadas”. O también dicen: “me siento juzgado” o “siento que me dejan de lado”. Pero en realidad esto no son sentimientos, sino una interpretación de algo que ha pasado. Estamos ante una historia que nos hemos contado y al creerla nos generamos sufrimiento. ¿Y qué hacer con las sensaciones? En mindfulness hablamos de tres tonos de sensación: sensación agradable, desagradable o neutra. Si caminando por la calle me encuentro con una pastelería, mi vista y mis ojos contactan con los pasteles y aparecen sensaciones en el cuerpo. Quizá empiezo a salivar, tal vez las manos me empiezan a sudar, aparecen sensaciones en el estómago... Y esto ocurre ante cualquier situación. Tenemos seis sentidos -porque la mente es también un sentido- y tan pronto como estos sensores contactan con algo aparecen sensaciones, unas veces de manera más sutil y otras de manera más determinante. Y según son estas sensaciones -agradables, desagradables o neutras-, llegan pensamientos a nuestra mente y después emociones y finalmente actuamos a partir de todo ello. “Para algunas personas sostener la felicidad y el placer resulta extremadamente difícil”. Reaccionamos a esa cháchara interior que a menudo está llena de pensamientos muy críticos con nosotros mismos... Sí, claro. Y nos tomamos lo que pensamos sobre nosotros mismos como una sentencia de vida: “Algo no va bien en mí”. “No soy digna de ser amada”. “No soy buena”. “Soy tonta”... Habrá que determinar cuál es el origen de toda esta cháchara e identificar de dónde procede esa voz. Suelen ser mensajes interiorizados desde la infancia, a veces es la voz de uno de nuestros padres, otras veces de un maestro, de un hermano, de un compañero de clase... Y es un pesado lastre que hemos arrastrado durante años y debemos dejar atrás para amarnos a nosotros mismos. Algunas veces también se nos ha enseñado una versión distorsionada del amor cuando, por ejemplo, nos han dicho cosas como: “Te pego porque te quiero”. Pero todo el mundo tiene la capacidad de recuperar el amor hacia sí mismo. Una de las toxinas que más daña es la ira. ¿Pero a veces ni siquiera somos conscientes de que la sentimos? Habitualmente las personas con niveles más altos de testosterona en su cuerpo, tienen más tendencia y facilidad para externalizar la ira, mientras que las personas con unos niveles más altos de estrógenos, la internalizan y se autodañan. Por eso son más frecuente las autolesiones o los desórdenes alimenticios en las mujeres que en los hombres. Yo sufrí un desorden alimenticio muy grave durante años. Me traté con una enorme violencia. Pero efectivamente, todos tenemos ira en nuestro interior, aunque no seamos conscientes de ella. Estar furioso no significa estar siempre gritando, el silencio puede esconder mucha rabia y agresividad. Muchas personas cuando se sienten invadidos por la rabia toman alcohol, se drogan, comen o consumen pornografía. Lo primero es darse cuenta de que esta rabia está y después habrá que ver qué hacemos con ella. ¿Y qué hacer con ella? Para trabajar la ira tenemos que volver a casa, es decir volver al cuerpo. Pongo a menudo un ejemplo: estoy conduciendo y de pronto se me cruza un coche. Entonces toco la bocina y grito al conductor como un loco. Si en lugar de eso nos pudiéramos dar cuenta de que cuando ese coche se nos ha cruzado, en nuestro cuerpo ha emergido una energía muy desagradable, si pudiéramos atender esa sensación que ha surgido, porque igual nos podríamos haber resultado heridos, hubiéramos podido morir o perder a nuestro hijo; entonces entraríamos en contacto con esa energía que ha invadido nuestro cuerpo y nos tomaríamos un momento para aquietarnos, que es lo que realmente necesitamos de verdad. Otro ejemplo que utilizo a menudo: cuando no encontramos las llaves de casa, solemos culpar a alguien de ello. Incluso los que viven solos acaban achacando la responsabilidad de la pérdida a la última visita que han tenido. Lo que ocurre es que se genera una sensación muy desagradable en el cuerpo y culpabilizar a alguien es una distracción para no entrar en contacto con esa sensación. Pero el auténtico trabajo es regresar al cuerpo, regresar “a casa”. Y utilizo la metáfora de la casa porque cuando no hay nadie en casa las luces están apagadas. Hay que aprender a habitar el cuerpo para abrir la luz. Es lo que enseña a hacer el mindfulness. ¿Cuál de las muchas propuestas prácticas que recoge en su libro recomienda a nuestros lectores para regresar “a casa”? Una de las prácticas que puede ayudar es la del “Afecto”: “Visualiza una foto de ti que te guste. Date un vistazo mental sin juzgar. Mírate con calidez y amabilidad. Date un abrazo metafórico o literal. Apóyate en tus brazos. Imagínate como un bebé diminuto e imagina que sostienes a ese bebé y que lo observas con cariño. Imagina el peso de ese chiquitín en tus brazos. Nótate a ti mismo. Apretuja a ese bebé en tu ser y date un abrazo metafórico. Cultiva más compasión en tu vida fijándote en ti mismo, con todo su dolor y dificultades, con una mirada tierna. Advierte si el darte afecto a ti mismo es agradable, desagradable, neutro o una mezcla de las tres cosas. Permanece con todo lo que surja, lo mejor que puedas, sin juzgar o montarte películas. Basta con que te apoyes en la sensación con delicadeza”. Otra práctica recomendable es la práctica de desarrollar la bondad hacia ti mismo: “Cierra los ojos y conéctate con tu asiento. Asegúrate de que estás bien apoyado y de que tus pies se asientan firmemente en el suelo. Hazte consciente de que la respiración permea tu cuerpo. Imagínala como un difusor disolviendo las toxinas de tu corazón. Al cabo de un minuto intenta visualizarte a ti mismo, o bien obsérvate en un lugar hermoso que te guste. O pronuncia en silencio tu nombre. Recuerda respirar. Al cabo de otro minuto dite a ti mismo: “Que sea feliz”, luego respira y sé consciente de cómo te sientes. Luego di: “Que esté bien”, luego respira y sé consciente de cómo te hace sentir. Luego di: “Que sea amable hacia mi sufrimiento”, luego respira. Permítete sentarte serenamente con todo lo que surja. Al cabo de unos minutos di: “Que cultive más bondad en mi corazón. Que cultive más paz en mi corazón. Que continué desarrollándome y creciendo”. Continúa recitando esas frases, dejando un minuto o dos entre cada una, permaneciendo conectado contigo mismo todo el tiempo. Transcurridos diez minutos, pon fin a la práctica”. Para muchas personas esta práctica resultará muy difícil. Para mí también lo fue, me costó porque tenía una mala relación conmigo misma. Es lo que esta práctica revela y lo que se debe trabajar. Fuente: CuerpoyMente.com
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    oct. 8

    Muchas personas han pasado o están pasando por lo que se puede definir como una crisis de vida . La palabra tiene muchas connotaciones negativas, por supuesto, ya que se asocia con situaciones muy difíciles de la vida, a menudo provocados por circunstancias fuera de la voluntad o el “control” de la persona, tales como: pérdida de seres queridos, problemas familiares difíciles, pérdida económica o un problema de salud. A veces las crisis también son provocadas por puntos de inflexión drásticos en la vida de una persona que siente que está perdiendo puntos de referencia sólidos como la identidad o el propósito de la vida. La clásica crisis de la vida media es un ejemplo pertinente. Aunque el atravesar por una crisis personal o vital nos hace sentir mal, también representa una oportunidad para aprender algo nuevo , convertirnos en personas más resilientes y evolucionar. El lado positivo y constructivo de una crisis de vida: Según ciertas investigaciones sobre el comportamiento de los sistemas adaptativos inteligentes, se ha determinado que los sistemas cambian y se auto-organizan al entrar en crisis momentáneas (un choque para el sistema donde pierde el equilibrio, la integridad y la identidad por un breve momento). El resultado es que cambia y se reestructura en un sistema que se adapta mejor a su entorno. El cambio y la evolución continuos ocurren a través de grandes o pequeñas crisis y `revoluciones’. Una analogía obvia con lo anterior es la crisis de la vida humana. Cuando atravesamos una crisis, no estamos experimentando una falla que necesita ser corregida, sino más bien viviendo una oportunidad de “re-estructurarnos” y salir como individuos más fuertes y más adaptados a las corrientes y problemas de la vida. Estas son algunas de las grandes oportunidades que ofrecen las crisis de la vida: Romper las ilusiones: Una crisis muy a menudo hace añicos la “realidad” del individuo. Puede ser tan perturbador que toda la realidad parece desmoronarse. En muchos sentidos, esto puede ser algo realmente positivo. En nuestra vida construimos todo tipo de creencias, apegos e ideas que son ilusorias en el mejor de los casos. Algunos de ellos se fortalecen a medida que se refuerzan con las decisiones que tomamos y las experiencias que tenemos. Estas realidades o ilusiones fabricadas pueden estar tan profundamente arraigadas que sólo puede ser necesario un “choque o crisis del sistema” para atravesarlas. De hecho, la crisis hace que la persona se sienta desnuda. Despojadas de mundo, se da cuenta de lo profundamente apegadas que estaban a algo nada auténtico e irreal. Descubre nuevos indicios y significados: Cuando alguien atraviesa una crisis, cambia su perspectiva de la vida. Aquellas cosas y creencias que alguna vez fueron sostenidas como “sacrosantas” son cuestionadas. Con este cambio fundamental de valores y de perspectiva, tenemos la oportunidad de descubrir nuevos significados y perspectivas a nuestro alrededor. Cambiamos nuestro lenguaje de vida, lo que puede hacernos fluir y familiarizarnos con experiencias que nunca antes habíamos tenido en cuenta. Impulsar el cambio: Por supuesto, el cambio es el matiz positivo de cualquier crisis de vida, como se señala en la idea de los choques del sistema. Una crisis puede sacudirnos hasta la médula, pero aunque su paso puede ser oscuro y doloroso, puede resucitarnos a nuevos comienzos y transformarnos. Oportunidad para superar los miedos: En nuestra hora más oscura nos enfrentamos a nuestros mayores demonios que finalmente se traducen en nuestros miedos más profundos. Los miedos pueden perseguirnos a lo largo de toda nuestra vida. Sin los pasajes críticos de la vida como las crisis, no tendríamos la oportunidad de enfrentarnos cara a cara con nuestros más profundos miedos , y aquí es donde reside la mayor oportunidad de superarlos. Reinicie su sistema: Rompiendo ilusiones y superando miedos, usted está pasando por un reinicio completo del sistema. De hecho, la crisis puede ser un proceso de limpieza muy completo. Por supuesto que no se siente nada bonito cuando lo estás atravesando, pero una vez que pasa la tormenta logras ver la vida con otros ojos. A veces una crisis puede ser considerada una segunda muerte (o una muerte del ego) y con la muerte viene el renacimiento. Despellejando la piel vieja: Las crisis de vida no siempre son totalmente perturbadoras. Puede haber pequeñas crisis de la vida que no son lo suficientemente fuertes como para reiniciar tu sistema y construirlo desde cero, pero lo suficientemente fuertes como para ser capaz de pelar las capas de piel vieja. Te endurece, te hace más flexible y se adapta mejor a muchas de las cosas que te molestaban. Experimentas una apertura, emocional y a veces espiritual, que te sincroniza con una parte más profunda de tu ser. Saldrás más fuerte: Las crisis pueden ser sobre todo pruebas. En esos momentos en los que uno se siente completamente perdido y herido, hay oportunidad de ser probado. Recuerda que las crisis también pueden ser vistas como una iniciación a la vida – una prueba o desafío que puede llevarte a un nuevo nivel de ser. En última instancia, te hace más fuerte, no porque hubiera “endurecido tu piel” como algunos suponen, sino por el contrario, porque te hace más flexible y abierto a las tormentas venideras. Poniéndote en Contacto con su “Ser Interior”: El punto sobre la apertura de hecho apunta a otro beneficio oculto. En el primer punto mencioné cómo la crisis puede romper nuestras ilusiones. Las ilusiones pueden ser tanto sobre nuestra vida externa como sobre la interna. Podemos tener muchas ilusiones sobre nosotros mismos, como imágenes o identidades no auténticas de nosotros mismos. Romper esas ilusiones y ser más abiertos nos llevará a un aspecto más cercano y verdadero de nosotros mismos. Abrirse al Amor: Incluso los personajes más rudos pueden ablandarse en medio de una crisis de vida. Nos damos cuenta de lo frágiles y sensibles que somos. Entendemos la importancia de la atención y el amor de los demás, pero lo más importante es que nos damos cuenta de lo importante que es darlo a conocer. Una crisis puede ser una gran oportunidad para reconciliarnos con nuestro pasado y con nosotros mismos. Nos sacude hasta la médula y a menudo comprendemos plenamente cómo éramos de “rígidos” y nos cerramos para amar detrás de la máscara de nuestras carreras, de nuestras personalidades sociales o de nuestras imágenes de nosotros mismos. Una excelente oportunidad para “soltar y confiar”: El verdadero desafío de una crisis de vida es dejar ir y confiar. Es contradictorio dejar ir y confiar en el momento en que nos sentimos más vulnerables, golpeados o traicionados por la vida, pero ahí está el desafío. Sin embargo, Dejar ir y confiar resulta el mayor y más gratificante beneficio de cualquier crisis. Cuanto más resistimos, más difícil será el paso. Es un poco como cuando estás flotando en el mar y las olas vienen hacia ti. Si luchas, tus músculos se ponen rígidos, pierdes mucha energía y aliento y eventualmente te arriesgas a hundirte. Al dejar ir y relajarse es más fácil mantenerse a flote. Sobretodo, aunque te sientas de la peor manera, no dejes de agradecer la crisis de vida que tienes, porque en definitiva te llevará a convertirte en tu verdadero YO y a ser tú mismo! Fuente: Reencontrate
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